Reseña: CÓNCLAVE — El Mejor Personaje en la Carrera de Ralph Fiennes

Mike Arteaga
reseña Cónclave Ralph Fiennes

  • "Cada paso cuenta, y la precisión de esos pasos se vuelve fundamental, porque todo está en riesgo."
  • "La confrontación de la ambición humana, el poder que pueda ejercer el candidato electo y la expectativa del mundo entero recaen sobre Lawrence."
  • "Si te gustan las historias de intriga, poder y secretos ocultos, Cónclave es una película que no puedes perderte."

Cónclave, dirigida por Edward Berger, el mismo cineasta que en 2022 nos trajo Sin novedad en el frente, basada en la novela homónima de Robert Harris. La película nos sumerge en una historia llena de intriga, suspenso, ritmo ágil, giros inesperados y una atmósfera tensa y oscura que nos mantendrá al borde de la butaca al descubrir los secretos más oscuros de aquellos que son candidatos a ser sucesor del papa.

Desde el inicio, el filme nos sumerge en un camino intrincado que el personaje de Lawrence, interpretado por Ralph Fiennes —nominado en la categoría de Mejor Actor—, deberá recorrer para guiar a buen término este reconocido ritual. Si bien nunca se han dado a conocer los detalles exactos de cómo ocurre esta elección, la película nos ofrece una visión clara de la importancia de este proceso dentro del Vaticano y en el mundo entero.

Lawrence, un clérigo en crisis espiritual, es el encargado de dirigir el cónclave. Enfrentado a una tarea titánica, deberá lidiar con el evento de la manera más tradicional posible, investigando el oscuro pasado de los contendientes y descubriendo las historias ocultas de cada uno de ellos. A medida que la elección avanza, el protagonista se verá obligado a confrontar sus propias creencias, así como las de los demás, en su intento por salvaguardar el futuro de la Iglesia.

La película se cimienta sobre la tensión, que aumenta de manera constante hasta el punto de hacer tambalear al espectador, quien, al igual que el protagonista, se verá inseguro sobre qué decisión tomar. Cada paso cuenta, y la precisión de estos se vuelve fundamental, pues todo está en riesgo.

La confrontación de la ambición humana, el poder que pueda ejercer el candidato electo y la expectativa del mundo entero recaen sobre los hombros de Lawrence, sometiéndolo a una presión inimaginable. Su papel es crucial, pues actúa como regulador del proceso y guardián de la institución en busca del mejor representante. Es por ello que la interpretación de Ralph Fiennes destaca al transmitir de manera magistral la crisis de fe personal de su personaje y su evolución como administrador del sagrado ritual.

A lo largo del metraje, el filme nos plantea preguntas fundamentales: ¿Quién es el mejor candidato para ocupar el trono más importante dentro de la Iglesia? ¿Quién es digno y quién no? ¿Qué se necesita realmente para acceder a este puesto? ¿Cuáles son los pasos más confiables, ideológicamente hablando, para definir el futuro de la Iglesia Católica? Estas interrogantes nos llevan a cuestionarnos sobre las distintas aristas que determinan la elección del próximo papa.

Uno de los aspectos más destacados de la película es su impecable apartado visual. Gracias a la dirección de fotografía de Stéphane Fontaine, somos transportados a la grandiosidad del Vaticano, recorriendo los pasillos lúgubres de la Catedral de San Pedro y los espacios asépticos de sus oficinas, los cuales contrastan con la oscuridad latente en cada uno de los contendientes al papado. La composición visual resalta las magníficas obras de Miguel Ángel, otorgando una dimensión majestuosa y solemne a la historia.

El color juega un papel simbólico clave en la narrativa. El rojo, predominante en los vestuarios y galardonado con una nominación en la categoría de Diseño de Vestuario, evoca poder y ambición, pero también sangre, violencia, culpabilidad y pecado. Por otro lado, el amarillo, presente en la tipografía de la cinta, alude a la hipocresía, la traición, la corrupción y la intriga, así como a la enfermedad que se oculta dentro de las tradiciones católicas. Asi mismo, su simbolismo a través de las tortugas que resaltan la necesidad de equilibrio, perseverancia, renovación, sabiduria y fortaleza.

El ritmo del filme es fantástico, sin dar respiro ni permitir que la historia se vuelva tediosa. Cada escena se siente relevante, incrementando la tensión minuto a minuto. Nos sumergimos en la lucha interna de Lawrence, empatizando con su sufrimiento y sintiendo en carne propia la dificultad de sus decisiones.

El montaje, a cargo de Nick Emerson —nominado al Oscar en la categoría de Edición y Montaje—, es otro de los grandes aciertos de la película. Su precisión mantiene el ritmo constante y dinámico, evitando que la historia pierda impacto. Esto se ve reforzado por la magistral banda sonora de Volker Bertelmann, también nominado al Oscar, quien emplea cuerdas impostadas y rasgadas con fuerza para remarcar la intensidad de cada situación y la importancia de cada decisión.

Además, la participación de Isabella Rossellini, también nominada al Oscar, aporta una presencia magnética en los momentos clave de la película. Su interpretación llena de misterio e intensidad resalta la importancia de la participación femenina dentro de un ritual tradicionalmente dominado por hombres, añadiendo una dimensión inesperada a la historia.

Finalmente, Cónclave nos recuerda la importancia de la humanidad en cada uno de nosotros y la relevancia de la religión católica como una forma de vida para sus representantes y feligreses. La película tiene el potencial de ser premiada tanto por su narrativa como por su diseño de producción y guion, ya que el camino que se abre frente a su protagonista es profundo y sumamente esperanzador.


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